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Cerebros cautivos

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Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla
Facultad de Economía y Empresariales de Sevilla (Photo credit: Wikipedia)

En una entrada anterior que titulé “Motivación: ¿Ilusión o realidad?” llegaba a la conclusión de que es la auto-motivación la capacidad fundamental a desarrollar por parte de los profesionales en cualquier lugar que se encuentren, porque es la que les llevará a conseguir los más altos logros. Decía también que la empresa, y me refería sobre todo a lo que denominamos “gran empresa”, tiene habitualmente unos mecanismos importantes de desmotivación de sus profesionales, aunque sin generalizar, porque habrá alguna que esté haciendo un esfuerzo por aprovechar al máximo a su gente.

Y estos mecanismos provienen precisamente de su gran tamaño, que hace que todo sea mucho más difícil. Llegar con una propuesta al estamento y persona adecuado, convencer a todos los que te pueden ayudar o se pueden oponer a lo que propones, intentar incluir tu propuesta en unos objetivos, planes, programas, presupuestos, líneas de producción, gamas de productos y servicios, nichos de clientela… Es necesario tanto tiempo para que algo cuaje, que se pone a prueba la paciencia de tal manera que hasta el santo Job se subiría por las paredes. Y además, será casi imposible que nuestra propuesta llegue al final con pocas variaciones. Tanto, que puede que no se parezca en nada. También introduje algo de esto en otra entrada que titulé “¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?”.

Por lo tanto, nos encontramos con cientos de profesionales brillantes incorporados a la disciplina de grandes empresas que consiguen sacar sus ideas adelante a duras penas y no todas. Y estas ideas e iniciativas se están perdiendo para nuestra Economía porque donde se están generando no llegan a materializarse. Estos profesionales son “cerebros cautivos”. Acabarán acomodándose en la rutina de su gran empresa y tampoco se les podrá culpar porque el mínimo esfuerzo y máximo rendimiento es una ley natural adoptada, además, por la Economía, que la lleva en su propia definición.

La Nueva Economía necesita poner a trabajar de forma eficiente a estos cerebros cautivos y sólo con un importante estímulo se puede hacer porque estamos hablando de quebrar aparentemente una ley económica y natural. Pero en los últimos años, ha ocurrido algo que nos ha sacado de la comodidad: la crisis más virulenta que hayamos conocido. Esta situación está llevando a gigantes a regular todo el sobreempleo de unas vacas gordas que se tenían por eternas y muchos profesionales están ahora mismo fuera de esas grandes empresas de mejor o peor manera. De una forma no deseada pero muy efectiva, muchos cerebros cautivos han sido liberados. Les falta un poco de práctica para funcionar de forma efectiva como ellos saben, pero lo harán.

Pero tienen que hacer una reflexión profunda: No deben dejarse cautivar de nuevo. La Nueva Economía necesita más autónomos, freelancers, pequeños empresarios, artesanos y profesionales independientes que estén ligados a su profesión más que a una empresa y si tienen que estarlo a una, que no sea muy grande. De esta forma, hasta las grandes empresas de la Economía saldrán beneficiadas porque cuando necesiten los servicios de estos profesionales que ahora estarán fuera de sus plantillas y su tedio, recibirán ideas con toda la potencia de los cerebros activos.

El estado debe facilitar lo que la crisis ha forzado de forma cruenta. El fomento de la actividad profesional, facilitando trámites y concediendo ayudas que, si no pueden ser directas porque las arcas no lo permitan, que sí sean indirectas con la eliminación de tasas y de algunos impuestos. Puede parecer un contrasentido que se reduzcan los ingresos del Estado de esta forma, pero será la única manera de que a corto plazo vuelvan a crecer por otras vías. La puesta en circulación de los cerebros cautivos de nuestra Economía puede ser un efecto positivo de la crisis. Una catarsis que, desde la misma tragedia, pueda llegar a suponer el bienestar y la satisfacción de una buena e importante parte de la población.

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¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?

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Hace unos días me encontré por la calle con un buen amigo, que fue alumno mío en la universidad y con el que comparto también Hermandad, la del Cristo, aquí en Jerez y que es dueño de un pequeño hotel en el centro de la ciudad.

Hablando de todo un poco y sobre todo de cómo están las cosas y cómo nos iba a cada uno, me hizo el siguiente comentario: “Estoy contento con el tamaño que tiene mi hotel y no lo quiero más grande. Somos varias generaciones ya, aguantó en la guerra civil, las demás crisis y esta también la pasará. Hace unos años algunos me aconsejaron que comprara el edificio contiguo para ampliarlo y les dije que con lo que tenía era suficiente. Ahora me alegro de esa decisión porque si les hubiera hecho caso, tendría muchos problemas para soportar los pagos de esa ampliación.”

Agustín, que así se llama mi amigo, y que es persona comprometida, tanto como para llevar el simpecado de la Hermandad el Viernes Santo durante varios años, acertó en su decisión. Renunció a la ambición desmedida que nos ha inundado en los años pasados, al afán de ganar más y más dinero aunque para ello tuviéramos que renunciar a muchas horas de disfrute para poder dedicarlas a este fin, ganar más y más dinero comprometiendo algunas veces hasta nuestra propia salud.

Hoy, su hotel sigue teniendo una ocupación importante, dice que el mundo es muy grande y que los clientes que necesita si no los saca de los sitios que venían antes, los buscará en otros, pero su ocupación sigue igual, y por lo tanto los recursos que necesitaba antes, también los necesita ahora, y los ingresos que tenía antes, quizás con alguna reducción, también los sigue teniendo ahora. Su teórica “falta de ambición” a la que yo llamaría prudencia y buen hacer, resulta una bendición en los tiempos que corren.

Los políticos petimetres de los últimos años han aplicado para las empresas la máxima de “cuanto más grandes mejor”, la versión moderna del “caballo grande ande o no ande” y siguen haciéndolo, véase el ejemplo de la banca hacia dónde nos está llevando. Siempre se ha comprobado que las pymes españolas eran las que daban el mayor porcentaje de empleo del país… pero cuanto más grandes mejor. Tendremos que hablar del enfoque de estas pymes que ha podido llevarlas por algún mal camino que ahora estén pagando, pero será en próximas entradas.

Mientras tanto, dediquemos un momento para pensar en lo que nos dice Agustín, porque la obsesión por el tamaño de las empresas ha acabado con muchas de ellas, pero claro, es que las pequeñas no cotizan en bolsa en este mundo globalizado… mala suerte. Sin embargo estas empresas son nuestra economía real, la base de nuestro país y la base también de la Nueva Economía.