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De la corrupción al esperpento

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Ética
Ética (Photo credit: cassimano)

Dicen que si no hay más corrupción en este país es porque no tenemos más oportunidades. Y estoy de acuerdo pero sin estarlo. Cuando llegan las navidades, muchas patas de jamón viajan de un sitio a otro y aparecen por muchas casas. Y muchas cestas también. Y muchas cestas con patas de jamón también. Sería difícil trazar la línea entre lo que es un “agradecimiento” a personas clave por los negocios realizados y el “intento de soborno” para influir en negocios futuros.

También alguna vez habremos dicho todos que no nos hace falta factura y por lo tanto nos saltamos el impuesto. Bueno…no todos, es posible que uno o ninguno de los ciudadanos de este país las pida siempre… lo dejaremos en una gran mayoría. Este importe que al final no se declara va a una caja innombrable definida de forma habitual con la segunda letra de nuestro abecedario. Y cuando esto se da en múltiples ocasiones y la caja empieza a llenarse, a algún empresario se le puede ocurrir utilizar estos fondos para pagar los incentivos a sus trabajadores haciéndoles el favor de que tampoco ellos lo tengan que declarar. Uno o ninguno de los trabajadores quizás se niegue a recibir ese salario “bajo cuerda”, pero la mayoría sí que lo acepta. Total… ¡Hay tanta gente haciendo chanchullos que esto es una minucia…!

Así empieza la bola a hacerse cada vez más grande y nos instalamos en la normalidad de que ocurran algunos pecadillos sin importancia en tales o cuales cuentas. Y luego en algunos casos va a ser difícil salir y en otros, un comportamiento, aunque subsanado, nos perseguirá toda la vida. Algo sobre esto, brillante como todo lo que hizo, nos dejó Aristóteles en su Ética a Nicómaco, una obra que en estos tiempos tan convulsos deberíamos tener como libro de cabecera… todos.

Sin embargo, cuando aplicamos el término “corrupción” que ya de por sí suena mal, estamos hablando de alguien sin la más mínima vergüenza para embaucar, poner trampas y manipular a todo lo que le rodea y que salpica a todo el que haya estado cerca en algún momento. Parece que lo demás que he comentado no lo es. Y por poco que nos hayamos acercado a una persona de estas, al final, acabaremos mal. El Partido Popular conoce esto y habrá seguro dentro quién supiera lo que estaba pasando y quién se ha enterado ahora. Parece que fondos privados fueron utilizados para financiar al partido, descontando una considerable cantidad que fue a parar al bolsillo del principal implicado “por sus gestiones”. Y ahora todos a ver qué excusa había, cómo se ven afectados, etc, etc…

El Partido Socialista, principal elemento de la oposición y único en realidad significativo por el momento, se lleva las manos a la cabeza escandalizado, como si no hubiera roto un plato en su vida, como si no hubiera tenido problemas con algún tipo de fauna, los “reptiles” creo que eran los que les dieron más de un mordisco. Parece que en Andalucía, que sepamos, fondos PÚBLICOS, si… si, esos cuya gestión responsable encomendamos a nuestros dirigentes, fueron utilizados para favorecer a diestro y siniestro a sus “simpatizantes”. Y luego, si quieres que algo no se resuelva, nombra una comisión. La solución más propuesta, o la única propuesta, por la izquierda ridícula de este país, también llamada Unida. Y eso hizo la comisión… Nadie sabía nada, nadie fue responsable…un cabeza de turco que era imposible que trabajara solo, pero que se “come el marrón”, no sabemos a qué precio, que también vendrá o habrá venido de fondos públicos, y asunto cerrado, a otra cosa mariposa.

Y qué podemos decir del urbanismo de los Ayuntamientos de todos los colores en los últimos veinte años. Un indicador importante habrá sido el incremento de la demanda de máquinas destructoras de documentos cuando había un cambio político en las entidades locales.

Con este estado de la cuestión, Cristo lo dijo bien claro en los Evangelios: “quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. Pero parece que no está de moda ser cristiano, porque las piedras llueven en cuanto alguien se “resbala”. Pero… “prepárate que ya me tocará a mí”, dice el apedreado de turno. ¡Por favor!… ¡que hasta el Papa dimitió ayer…!

Y yo me pregunto: mientras tanto… ¿qué pasa con el país?… COMIENZA EL ESPERPENTO…

Como sé que este artículo es muy largo para internet, escribiré “la segunda parte” en la siguiente entrada. Queda hablar de la situación esperpéntica que estamos viviendo y de cómo creo, en mi opinión, que habría que abordar estas cuestiones… que tienen para rato…

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¿Cuál es el tamaño ideal de una empresa?

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Hace unos días me encontré por la calle con un buen amigo, que fue alumno mío en la universidad y con el que comparto también Hermandad, la del Cristo, aquí en Jerez y que es dueño de un pequeño hotel en el centro de la ciudad.

Hablando de todo un poco y sobre todo de cómo están las cosas y cómo nos iba a cada uno, me hizo el siguiente comentario: “Estoy contento con el tamaño que tiene mi hotel y no lo quiero más grande. Somos varias generaciones ya, aguantó en la guerra civil, las demás crisis y esta también la pasará. Hace unos años algunos me aconsejaron que comprara el edificio contiguo para ampliarlo y les dije que con lo que tenía era suficiente. Ahora me alegro de esa decisión porque si les hubiera hecho caso, tendría muchos problemas para soportar los pagos de esa ampliación.”

Agustín, que así se llama mi amigo, y que es persona comprometida, tanto como para llevar el simpecado de la Hermandad el Viernes Santo durante varios años, acertó en su decisión. Renunció a la ambición desmedida que nos ha inundado en los años pasados, al afán de ganar más y más dinero aunque para ello tuviéramos que renunciar a muchas horas de disfrute para poder dedicarlas a este fin, ganar más y más dinero comprometiendo algunas veces hasta nuestra propia salud.

Hoy, su hotel sigue teniendo una ocupación importante, dice que el mundo es muy grande y que los clientes que necesita si no los saca de los sitios que venían antes, los buscará en otros, pero su ocupación sigue igual, y por lo tanto los recursos que necesitaba antes, también los necesita ahora, y los ingresos que tenía antes, quizás con alguna reducción, también los sigue teniendo ahora. Su teórica “falta de ambición” a la que yo llamaría prudencia y buen hacer, resulta una bendición en los tiempos que corren.

Los políticos petimetres de los últimos años han aplicado para las empresas la máxima de “cuanto más grandes mejor”, la versión moderna del “caballo grande ande o no ande” y siguen haciéndolo, véase el ejemplo de la banca hacia dónde nos está llevando. Siempre se ha comprobado que las pymes españolas eran las que daban el mayor porcentaje de empleo del país… pero cuanto más grandes mejor. Tendremos que hablar del enfoque de estas pymes que ha podido llevarlas por algún mal camino que ahora estén pagando, pero será en próximas entradas.

Mientras tanto, dediquemos un momento para pensar en lo que nos dice Agustín, porque la obsesión por el tamaño de las empresas ha acabado con muchas de ellas, pero claro, es que las pequeñas no cotizan en bolsa en este mundo globalizado… mala suerte. Sin embargo estas empresas son nuestra economía real, la base de nuestro país y la base también de la Nueva Economía.