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Los nuevos emigrantes

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Lo de la Economía Global no es ninguna broma. Aunque los niveles de globalización, según los expertos, aún son menores de lo que pensamos, se dan algunas facetas que evolucionan con rapidez hacia una pérdida total de fronteras. Lo podemos ver con internet; podemos buscar cualquier conocimiento, producto, servicio o simple curiosidad en cualquier momento, en cualquier idioma y con múltiples finalidades. Esto ha hecho que nos planteemos, como ya advertí en un artículo anterior, que podamos seguir haciendo lo mismo que hacíamos, pero que podamos venderlo en cualquier otra parte del mundo si hay medios para que llegue.

Esto que nos parece una enorme ventaja en el lado de la comercialización, visto desde el lado de los medios de producción, se puede convertir en un gran inconveniente. Claro que eso será según nuestra forma de pensar “no globalizada”. En nuestro mercado hay una necesidad limitada de recursos, mientras que en otros emergentes se necesitan recursos justamente de ese tipo que a nosotros nos sobra. Volvemos a los países emergentes, los de la América Latina, ademas de Rusia, China e India. Estos paises que están en un grado de desarrollo en algunos casos superlativo y que nos recuerdan a nosotros hace algunas décadas, cuando la deuda no nos ahogaba y se podía utilizar el gasto público como motor de la Economía. Algo que hicimos hasta que lo hemos reventado.

Y cuando hablo de recursos productivos, me estoy refiriendo a los humanos, claro está. Los demás pueden tener más arreglo con acuerdos comerciales internacionales para desplazar algunos a estos países o para utilizarlos aquí completando producciones de estas nuevas potencias (hablaremos de esto también en futuros artículos). Tenemos profesionales que ahora no son necesarios en el mismo régimen de trabajo asalariado en España, si bien será necesario también un ajuste inter regional. La solución para estos recursos expertos sólo tiene dos vías: EMPRENDER por su cuenta o SALIR a estas otras economías emergentes.

La teoría es sencilla, pero las dos soluciones necesitan el valor suficiente para ponerlas en práctica. Y las dos dependen de la mentalidad con la que se aborden. La primera de ellas es desarrollar una forma de pensar independiente y arriesgada que nunca se ha apoyado de forma suficiente en este país y que, por la acción de algunas ovejas negras, ha estado en algunos casos hasta mal vista. Este pensamiento tiene reminiscencias en las enormes dificultades que tiene que abordar cualquiera que quiera iniciar una actividad empresarial (permisos, licencias, todas las administraciones posibles pidiendo cosas, etc…)

Pero la segunda, salir al exterior, es aún más difícil en España. Nuestra tradición es trabajar en nuestra ciudad, a ser posible en nuestro barrio o en el centro, y a ser posible en el portal junto a casa. Cambiar de ciudad ha sido siempre un trauma para la gran mayoría y lo de cambiar de país ya era para aventureros, prófugos, gente desesperada o algún que otro especímen “raro”. Pero las cosas han cambiado, y no sólo afectan a los profesionales “reconvertidos”, también a los jóvenes recién licenciados. Profesionales brillantes con futuro, pero no aquí. Creo que debemos ser conscientes de esto. Los miles de estudiantes universitarios que están terminando sus carreras no podrán ser todos absorbidos por el mercado nacional, al menos en las especialidades que han estudiado.

Esta situación nos lleva a varios de los interrogantes que habrá que abordar con respecto a la educación, algo que haré en próximos artículos. La Economía Nacional sólo puede absorber en cada momento un determinado número de profesionales en unos sectores y con unas dedicaciones específicas. Los demás no serán necesarios en aquellas materias para las que han estudiado. Entonces…¿debe cada persona estudiar lo que quiere realmente? ¿aunque luego no tenga salida…y lo sepamos de antemano? Y lo que es más importante para la Economía, ¿debe el Estado financiar estos estudios sin salida en nuestro sistema? Sea como sea, está claro que el Estado, gran padre, debe llegar a un difícil equilibrio para que el sistema educativo, en este caso el superior, funcione y cubra las expectativas del país.

Pero, de lo que se trata hoy es de ser conscientes de que muchos de los universitarios que han terminado recientemente sus estudios o que lo van a hacer próximamente, tendrán que ir a trabajar a una de estas economías emergentes, si realmente están interesados en hacerlo en su disciplina. La alternativa será intentar trabajar aquí, pero en otra cosa que probablemente no tenga nada que ver, no ya con su especialidad, sino con su carrera en general o incluso con su nivel de estudios. Si la persona está satisfecha por los estudios realizados y conforme con trabajar en otra cosa, no habrá problema, salvo la pérdida parcial comunitaria de la inversión realizada en esta persona. Pero si pasa a la EXIGENCIA al “gran padre” de que haya un puesto para ella, que sepa que ni este sistema económico, ni ningún otro puede “pintar” un puesto a su medida porque esto no funciona así.

Miento un poco en realidad, que me perdone el lector. Porque la verdad en los últimos años es que se han “pintado” muchos puestos en las administraciones y empresas públicas y otras entidades político-sociales, que nos han costado el dinero a los contribuyentes. Ya conocemos los resultados, por eso podemos reafirmarnos en que las cosas no funcionan así y sólo deben utilizarse y consumirse los recursos necesarios para la producción y en concreto, los más rentables para la misma.

It's what's for dinner, tonight.

Aquellos universitarios que estudiaron una disciplina por vocación o por pasión o simplemente porque creían que se podrían labrar su futuro ahí, y lo siguen pensando, deben adaptar su mente a este mundo globalizado y considerar como opción la de buscar el trabajo allá donde se necesite su conocimiento. Sinceramente pienso que si personas brillantes deben salir para realizarse profesionalmente, este sentimiento y esta situación deben asumirla con serenidad. Porque será mucho mejor que llegar a irse del país porque se han convertido, como dije antes, en “gente desesperada” que deja atrás una tragedia social.

Siempre estaremos orgullosos de los profesionales que triunfan en el extranjero porque sentimos su triunfo como algo nuestro. Siempre estarán también los que ven el lado negativo y piensan que “vaya país este que no tiene trabajo para su gente” y “vaya inútiles los dirigentes que no saben arreglar esta situación”. Yo estoy mejor entre los primeros. Los que piensan en negativo en España ya los tenemos casi como “ruido de fondo” en nuestras vidas y cada vez les hacemos menos caso. Y el problema del ajuste fino de la educación y los recursos, lo trataré en otro artículo más adelante, cuando yo mismo consiga que mi mente sea más global.

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