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Desahucios: ¿De quién es la culpa?

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Desde que Aristóteles enunció en su “Ética a Nicómaco” aquello de que en el término medio está la virtud, la idea del equilibrio ha perseguido a la humanidad en todos los aspectos de la vida. Pero a pesar de que reconocemos la veracidad de este antiquísimo principio, nos empeñamos en no hacerle caso de forma sistemática y vamos de un extremo a otro.

Es importante que los dos partidos mayoritarios del arco parlamentario se pongan de acuerdo para actualizar una ley muy antigua y para establecer medidas de urgencia ante la situación de alarma social que se está generando. Pero es importante también que sepamos asumir el origen de las distintas situaciones y reconocer que no todos los desahucios que se producen son iguales, ni su origen tampoco.

Pues de la misma forma que cuando hay un accidente entre un coche y una bicicleta, la tendencia es a criminalizar al conductor del coche (pobre ciclista indefenso), en estos momentos con el tema que nos ocupa también podemos estar criminalizando “sin saber” la realidad de las situaciones. Es posible que el ciclista se hubiera saltado de forma imprudente un semáforo y cruzado una avenida por la que venía el coche de forma correcta. Y es verdad que siempre hay que exigir que los que conducimos vehículos a motor de todo tipo tengamos en cuenta estas circunstancias que puede hacer que otros vehículos de menor peso o peatones salgan muy perjudicados. Pero es inexcusable la total exigencia de responsabilidad que hay que hacer al ciclista o peatón, que debe asumir también las consecuencias de sus actos.

Somos un país de extremos y en el último caso tan sonado de suicidio “por el desahucio”, se trataba de una persona que trabajaba como responsable de recursos humanos de una empresa, y que había sido concejal de uno de los partidos de implantación nacional. Por lo tanto no estamos hablando de una persona sin preparación a la que el maléfico Banco engañó con su hipoteca haciendo que se endeudara hasta las cejas con promesas de un país multicolor y maravilloso donde todo iría bien. Creo que habría que investigar más en los motivos del suicidio de esta persona y no quedarnos sólo con el hecho del desahucio, que, sin duda, también sería uno de los granos de arena de esa montaña.

Hemos alentado la propiedad, la multipropiedad y las propiedades múltiples, es cierto. Pero entrar en el juego es una decisión de cada persona y de cada familia, la situación se ha ido endureciendo con el tiempo y hemos podido tomar medidas y no en todos los casos se ha hecho. Se ha alentado la ambición pero este es un vicio de la persona, no de una colectividad ni de un estado, y es la persona la que puede ponerle freno con una forma distinta de vivir.

Debemos asumir nuestros errores, los que nos llevan a situaciones difíciles. Y desde esta posición de reconocimiento y de humildad, pedir la ayuda necesaria, sí. Y digo pedir, no exigir, porque nadie nos obligó a vivir durante años por encima de nuestras posibilidades con una vanidad que parecía no tener límites. Esta creo que debe ser la postura del peatón o del ciclista de ese accidente.

Y la del conductor, o la de la autoridad que llega al lugar del suceso, ahora será la de aquel que no sin razones en su lado, es capaz de dar una salida digna para que todos sufran lo menos posible y el problema se arregle. Que los daños se repongan cuanto antes y que la vida continúe para todos. Los Bancos pueden aflojar un poco la tensión en la cuerda, porque están recuperando viviendas para al final meterlas en un saco que tampoco tiene salida y que acabarán en el tan traído y llevado “banco malo” por menos de la mitad de su valor. El Estado puede utilizar parte de los millones y millones de fondos destinados a la banca para crear y fomentar el alquiler de forma que todas esas viviendas sin salida puedan ser utilizadas, quizás por sus antiguos propietarios pero en lugar de en una situación de propiedad en una de alquiler que sea razonable para el estado de nuestra economía.

La culpa de los desahucios la tiene todo el que ha intervenido: El Banco (que ahora es el malo de la película, pero que era muy bueno cuando nos dio el crédito) por la ambición sin límites y las prácticas incorrectas que ha realizado, el Estado porque ha mirado para otro lado y ha permitido esas prácticas con un regulador que ha llegado a la ridiculez. Pero una parte importante, fundamental de esa culpa, la tenemos los particulares que, con los cantos de sirena del maldito “Estado del Bienestar”, hemos entrado en un juego de búsqueda sin condiciones de la riqueza material que nos está ahora hundiendo en la mayor de las miserias.

Es necesario que entremos en otra era, en la que usemos la Economía para una mayor realización personal, para apostar por los intangibles que nos hacen más persona, que por lo material que nos inclina a la barbarie.