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Pero, ¿qué clase de independencia quieren?

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De vez en cuando, y sobre todo cuando se quieren tapar incompetencias en la gestión o incluso problemas mayores, aparecen las aspiraciones independentistas en según qué comunidad española.

Desde hace unos meses toca Cataluña, la más activa en este tema en los últimos años. Con toda seguridad, en los gobiernos “forzados” que montaron los socialistas catalanes para tener una mayoría “estable”, tuvieron que doblegarse ante las peticiones pintorescas de sus socios extremistas que nos llevaron a situaciones que todos recordamos como la de la prohibición de las corridas de toros, algo que desde luego nada tenía que ver con el maltrato animal como se defendía, sino con la eliminación de la que se llamaba “fiesta nacional”… de España, claro, por eso allí no se podía celebrar.

Así, llegamos a que Cataluña era todavía más diferente y más peculiar. No había en aquel momento problemas más importantes que tratar y que afectaran a más personas en esa comunidad, como la pérdida de empleo galopante que ya se cebaba con toda España.

Toda esta situación de charanga tapó el desastre en la gestión de gobierno, por supuesto permitido e incluso alentado por el gobierno central, que era igual de desastroso o incluso peor hasta llegar a forjar una de las etapas de mayor sinsentido, desgobierno y desprestigio de España en el mundo, cuyas consecuencias estamos pagando ahora.

Así las cosas, el rey Arturo llegó a Cataluña para arreglarlo todo. Pero no contaba con la magnitud de la situación con la que se iba a encontrar, lo mismo que ha pasado con el gobierno central. Nos hemos gastado en los últimos años hasta el dinero necesario para el próximo lustro. ¿Y ahora qué?… Pues a recortar en todas partes, por culpa de los anteriores (y esto es cierto, por supuesto), pero es impopular y nos quitará votos. Pues también por culpa del gobierno “de España”, que no el de Cataluña, que no nos da TODO lo que le pedimos (y esto también es cierto, faltaría más). Pero sigue la impopularidad.

Y como el rey Arturo no quiere dejar de ser rey, es “Más”, quiere llegar a ser emperador, no se le ocurre otra cosa que alentar el independentismo como solución de todos los problemas. Podría haber propuesto medidas de política económica, pero iban a ser muy duras… Podría haber instado a la colaboración entre las autonomías dado el innegable peso de Cataluña, pero así quizás no tenía tanto protagonismo… Podría haber colaborado con el gobierno de la nación (el de Madrid, que dicen ellos), pero de verdad, no como lo ha hecho, pero entonces hubiera sido tachado de centralista… Entonces mejor seguir la charanga, como los anteriores, y así se tapa todo: ¡Queremos la independencia!. ¡Qué emocionante!… ¡Vamos a hacer Historia!

Pero los humanos nos endiosamos algunas veces con estas cosas y eso es lo que ha ocurrido. La aspiración a emperador es muy atractiva, pero ahora toda la euforia y efervescencia que ha provocado hay que traerla a la tierra para ver qué supone esa independencia y cómo se hace.

En primer lugar cómo se asegura que el sentimiento y la necesidad permanezca. Normalmente suele ser haciendo ver que el que quiere ser independiente es mejor que el resto que se queda en el pais del que se separan. Es así, siempre van por ahí los tiros. “Nosotros somos mejores, trabajamos más, somos más inteligentes…y más listos, que no es lo mismo, y el resto es una panda de aprovechados que no hacen nada más que nutrirse de nosotros y chuparnos la sangre para vivir bien sin dar un golpe.”

Esto de sembrar el odio ya lo conocemos y sabemos que se puede hacer, y en realidad van bien encaminados y lo están consiguiendo. Pero hay una parte más dificil. Cuando hay independencia, hay independencia, no valen medias tintas. Y ahora tienen que empezar a responder a cuestiones de estado porque…¿Cataluña tendría ejército y política de defensa?, ¿Los asuntos exteriores con “España” cómo se articularían, fronteras, aduanas, pasaportes…? La gestión administrativa que lleva ahora el gobierno de España, desde la Hacienda hasta un pequeño detalle…las identificaciones de cada ciudadano, ¿cómo se traspasarían? Y sobre todo… ¿Quién paga todo esto?… suponemos que el nuevo gobierno del estado Catalán y su recién estrenada Hacienda.

Y mientras la élite política y toda la corte de advenedizos que buscan alguna notoriedad y que siempre están a su alrededor siguen pensando en las grandezas del nuevo estado sin responder a las cuestiones anteriores, está el pueblo catalán, con sus problemas reales que probablemente no tienen nada que ver con que sean independientes o no, con que sean parte de España o no. Está el pueblo que no fue a las manifestaciones, e incluso muchos de los que fueron, que tiene su trabajo y que en ese trabajo tiene relaciones con el resto del Estado, con españoles de otras comunidades a los que les tendrán que estar continuamente respondiendo qué pasa allí, y qué pasará en el futuro.

Y están también los que no tienen su trabajo, y están igual que otros muchos españoles de otras comunidades y que se beneficiarían de una solución más global en lugar de achicar el terreno donde se de solución a sus problemas. Y no es honrado utilizar esas situaciones personales críticas para azuzar el odio contra el resto de comunidades, haciéndolas responsables de su situación.

Lo que no va a poder ser señor Mas, es una independencia que tenga para ustedes, y al decir ustedes, no me refiero al pueblo catalán sino a ustedes, la élite política pintoresca, todas las ventajas de hacer lo que quieran pero luego los problemas, que los resuelva la otra España, que las cuentas las lleven ustedes pero que las relaciones comerciales no se interfieran, y que puedan seguir participando en todas las organizaciones, asociaciones, comunidades y ligas deportivas “españolas” como si no hubiera pasado nada y teniendo todas las ventajas de ser españoles y ninguno de sus inconvenientes.

Creo que estas “huídas hacia adelante” para tapar los problemas reales a base de separatismos, secesionismos e independentismos no traen nada bueno para el pueblo, para ninguno de los pueblos de España, ni siquiera para el catalán. Sea sincero con los suyos.

Sobre este tema publicó recientemente el diaro El País un magnífico artículo de José Álvarez Junco, catedrático de Historia de la Complutense. Aunque quizás no esté de acuerdo a pie juntillas con todo lo que dice… o cómo lo dice, creo que es de lectura necesaria.

 

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