La empresa sin alma

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Da igual el tiempo que lleves, el compromiso, la vinculación, la motivación… No importa tu experiencia, si has aprovechado el tiempo, tu capital intelectual, tu formación… Si hay que dar números y esos números son los de una reducción de plantilla, prescindirán de ti.

Esta es la realidad de nuestras empresas, pasarse “por el forro” todas esas máximas grandilocuentes que nos han estado regalando los responsables de Recursos Humanos, y por indicación de ellos los más altos directivos, sobre la importancia de su “capital intelectual”, de la gestión del talento, de la mejora de las competencias, de la integración y motivación del trabajador.

Ha resultado ser papel mojado en cuanto la cosa se ha puesto dificil, hasta convertirse en un coge el dinero y corre… Y durante un momento, alguno de esos altos directivos que ha visto cómo han hundido la empresa por la que “se desvivían” habrá pensado “¿me tendría que estar dando vergüenza ahora?”. Y acto seguido se habrá respondido a sí mismo: “Sí… algo… pero bueno, ya se pasará y por lo menos mi bolsillo anda calentito”. Pero esto lo habrá hecho sólo alguno, los demás sólo han visto la segunda parte, la de llevarse dinero suficiente como para vivir dos vidas.

La empresa española, con honrosas excepciones,  ha progresado en estos años “A PESAR” de sus altos directivos, por la existencia de profesionales formados, con ideas y ganas de trabajar que han mantenido la producción y que han sido capaces incluso de cumplir los objetivos que les marcaban esos altos irresponsables. Quizás ahí ha estado el error, en que nunca el estrato de profesionales supo decir NO a lo que se le marcaba aún a sabiendas de que conducía a un suicidio colectivo. Pero estaba en juego el puesto de trabajo en época de bonanza y nadie quería hacer de héroe a costa de su bienestar personal. Al fin y al cabo todo se vendía, todo subía por la nubes…

El resultado sin embargo ha sido que muchos de estos profesionales han acabado finalmente perdiendo su puesto de trabajo. Sí, ese que defendían en época de bonanza, pero que ahora pierden en “vacas flacas”, con un entorno mucho peor. Y los que les pusieron los objetivos, ricos, esperando otra oportunidad de asombrar al mundo con su sapiencia.

Esta es una nueva época, y yo creo sinceramente que este país saldrá adelante y muy reforzado de todo lo que nos está pasando, porque muchos cerebros muy capacitados se han “LIBERADO” del yugo de la gran empresa y ahora tienen que ponerse a pensar para crear nuevas estructuras y formas de trabajo. Veremos más pequeñas empresas y profesionales “freelance”, que serán capaces de poner en valor su aportación al sistema sin que tengan que pasar por el tamiz de altos directivos arrimados a buenos árboles políticos y que no llegaban a la suela del zapato a la mayoría de ellos.

Veremos, y en realidad ya lo estamos viendo, la utilización de las nuevas tecnologías para que estos trabajos puedan internacionalizarse. Veremos multiplicarse las opciones de contratación para las empresas. Veremos cómo se gana confianza en los “nuevos artesanos” de esta época incipiente que vivimos. Ya la garantía no sólo nos la dará la gran empresa. Los profesionales, pymes y pequeños negocios volverán a centrar nuestra atención.

Y con las nuevas tecnologías, mucha atención, porque serán para multitud de productos y servicios, los profesionales, pymes y pequeños negocios de “cualquier rincón del mundo” los que atiendan esa demanda. Demos la bienvenida a la NUEVA ECONOMÍA. ¡Ya era hora y nos lo merecíamos!

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